martes, 17 de septiembre de 2013

(10) Vicente Alcoseri

Esos corazones aún latiendo en esos cuerpos muertos. 
La donación masónica de millones de dólares a la Universidad de W. me ha dado derecho a visitar, y siempre que lo desee, los nuevos laboratorios que están de Lujo. El más perfecto -seg
ún dicen los miembros del instituto en Francia es el de fisiología, dirigido por el célebre Doctor F, alemán radicado en Francia, los masones franceses nada saben de todo esto. Cuando visité la Universidad de W, se realizaban interesantes experimentos sobre la vida después de la muerte clínica, eso fue hará unos meses. Ya un fisiólogo italiano hace varios años había conseguido hacer vivir durante algunos días una rana ya determinadamente muerta, dándole un líquido claro, así animal había regresado de la muerte. El profesor F investigaba si los demás animales tiene la misma capacidad de retornar de la muerte. El perro había respondido más que ningún otro a este extraño liquido, que me comentaban era simple mercurio clarificado. Pude ver dos cerdos sumergidos en un líquido casi límpido que jugueteaban plácidamente, me dijeron que estos habían sido muertos haría tres días, era como si estuviesen todavía vivos, me explicaron, yo estaba nervioso ante esta posibilidad. -Observe una cosa extraña -dijo sonriente el científico que me que me acompañaba, un colombiano radicado en Francia haría tres años y me dijo: -. El cerdo es el que más se parece al hombre es su organismo, por la forma y por las dimensiones. Y no desesperamos de poder intentar el experimento con un ser humano me dijo , si es que conseguimos los permisos necesarios del gobierno colombiano, eso me impacto, pues estábamos en Francia. Reflexionando sobre las palabras del científico colombiano me vino a la memoria mi colección de libros sobre alquimia. El problema que me preocupaba – es pensar que todo esto fuera realidad y que seres clínicamente muertos regresaran a la vida y que no se comprendiera – esto no me pareció resuelto. Propuse el asunto al profesor F. Dentro de unos cuantos días, esto me parecería monstruoso , debía pensar si autorizábamos más recursos masónicos a este extraño proyecto. Pensaba para mí pues según me dijeron en la experimentación: trescientos setenta perros fueron sacrificados -y naturalmente convertidos en salchichas para el consumo humano- y ahora tengo aquí, en un luminoso congelador de salchichones franceses de Concord, una de las más originales ideas para no sentir tanta culpa de tantos canes muertos en estos experimentos. A ambos lados, en repisas, se hallan alineados cien salchichones que serán vendidos. En la disolución que conserva su actividad nutritiva, pero impregnada de ese extraño liquido surgido del supuesto transparente mercurio -y que el asistente científico me explica no saber que consecuencias tendrá sobre quien los consuma – las carnes me dice contienen mucho de esta sustancia, pero continuo. Cien canes que no murieron en vano, perros conseguidos la mayoría en perreras. El asistente científico me cuenta que a los seres a los que se les suministrara este extraño mercurio sus corazones laten, aun si el ser en su totalidad no responde a la pócima de vida, y ese eterno latido cardíaco sin objeto ni sentido me atrae fuertemente y me sugiere muy extraños pensamientos. Me estremece en el imaginar, estos experimentos a realizarse en seres humanos, que imagino a cien corazones de hombres latiendo en cuerpos muertos, cuerpos humanos y vivos sólo en su corazón, cien corazones que amaron , que gozaron, que conocieron de los sueños tan humanos y el aceleramiento de la pasión. Corazones humanos que únicamente son un simulacro de vida en un cuerpo que se corrompe: se han libertado del cuerpo a quien sirvieron; palpitan gratuitamente, para nada, para nadie, sólo por esa pócima de mercurio cristalino. Tan sólo pienso en eso y sufro por imaginarlo, pues no he podido pensar nunca de los vértigos de los poetas y de los novelistas sobre el «corazón humano » quizá esos corazones palpitaran por eones dentro de sus tumbas si es que alguien se atreve a suministrarles ese alquímico liquido a base de mercurio. Este símbolo alquímico ideal de todas las majaderías sentimentales de inmoralidad, de todas las convulsiones patéticas de la eternidad, pues seguro estoy que en el corazón y no en el cerebro este radicada el alma de los hombres, aquí está reducido a su mecánica materialidad, en estos grandes azudes. Los cuerpos humanos a que pertenecían estos corazones han muerto, las almas se han desvanecido, y este negruzco músculo, en forma de pera, continúa estúpidamente palpitando dentro del ataúd , como si algo bello y noble correspondiese todavía a sus latidos de almas atrapadas en el sepulcro.- Alcoseri https://groups.google.com/forum/#!forum/secreto-masonico

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10151832690906543&set=a.10150455009406543.381242.754786542&type=1&theater



(10) Vicente Alcoseri

No hay comentarios.:

Publicar un comentario